Nuestra sociedad, en el relato automedicado, cree tener un alto nivel de rebeldía a la autoridad impuesta por los mecanismos que la constitución nacional establece y los gobiernos a través de sus regulaciones. Son acuerdos sociales que la clase dirigente promueve y en algunos casos con controversias importantes, llevan adelante.

En 1793 Madame Roland, heroína de la Revolución Francesa, fue decapitada en la Plaza de la Concordia. Y espeto una daga en la misma revolución de la que había sido parte. "¡Oh, libertad!, ¡cuántos crímenes se comenten en tu nombre! Grito antes de ser ejecutada por el bando de los jacobinos, a quienes había denunciado por la violencia con la que se llevaba adelante la revolución.

En nuestro país empieza a establecerse una nueva circunstancia similar, por ahora la violencia y la guillotina parecen lejanas, pero esto es Argentina. Los girondinos explican con cierta razón que la prolongación indefinida de una cuarentena, con un tejido productivo al 30 por ciento de producción, puede sumir al país en una crisis de la que no haya vuelta atrás.

Aquella pandemia que los Jacobinos del Covid-19 alertaron y llevaron al miedo social constante durante ya casi tres meses, no encontró en Argentina el eco del horror, gracias a Dios o a la cuarentena. Jamás lo sabremos. Pero sin dudas todos hubiéramos elegido este desenlace sin tener que lamentar una masacre.

Sin embargo, hay mucha gente preocupada por ambas cuestiones y por trabajarlas en paralelo. Pero como nos tiene acostumbrada la sociedad argentina, no hay espacio para tibios: o se esta en contra o se esta a favor. 

Los Jacobinos del COVID19 alertan de los “anticuarentena” como personajes nefastos y temerarios, sin sensibilidad por la vida. Proponen herramientas oficiales para denunciar a aquellas personas que por cualquiera se la razón, (ninguna es satisfactoria para estos adalides del covid), meter presos a estos infractores. Lo interesante que la justicia hace 90 días que esta de feria, así es Argentina.

Luego están los girondinos de la libertad que indican que cada uno es responsable de su propia circunstancia y que la salud pública no es un bien digno de tutelar. Que toda medida que toman los gobiernos es restrictiva de libertades y que son propuestas para eliminar de nuestro país las bases alberdianas de su constitución.

Transcurrir por el pasillo entre la guillotina y el carro de asalto es el nuevo problema de la ciudadanía, que tienen sus circunstancias vitales en un estado de total anormalidad  y que no tienen la previsibilidad de cuando vuelve la vida que les fue puesta en suspenso.

La política y la economía están tan calientes como la bastilla después de ser tomada, por el presente pero también por el futuro. La sociedad con tensa calma acompaña, dicotómica como siempre mezclando esperanzas e ilusiones con rencores y divisiones. En Argentina las antinomias viven siempre en presente continuo.