A menos de seis meses del retorno del peronismo al poder, MK se convirtió en amo y señor del conurbano bonaerense. El histórico caudal electoral de CFK le sirvió al líder de La Cámpora para hacer pie en los cierres de lista de los años 15, 17 y 19 pero recién hace unos meses cuenta con el monopolio de la fuerza.

El karma de no lograr victorias en distritos importantes hoy es solo un mal trago, si bien es cierto que la faceta electoral no es la mejor versión de la ex agrupación juvenil, hoy cogobiernan la provincia de Buenos Aires y distritos importantes como Quilmes y Moreno.

Los últimos alcaldes díscolos fueron Katopodis y Zabaleta quienes en el 17 decidieron sostener la candidatura de Randazzo. Con el diario del lunes pareciera que aquella decisión no fue tan alocada como parecía: el primero está a cargo de la cartera de obras públicas y el segundo es el intendente más cercano al presidente.

Un ex ministro de su padre sostiene: “a Máximo las derrotas del 15 y el 17 le hicieron muy bien, perder duele pero tambien enseña”. Siguiendo la linea argumentativa de este ex duhaldista pareciera que no habría existido un Alberto sin antes chocar con la obstinación de Florencio.

En el Congreso una anécdota de la preadolecencia del jefe de bloque del FDT se está transformando en leyenda: al entrar a primer año del secundario un grandote lo amenazó con cagarlo a trompadas los dos primeros días de clase. El tercer día la historia se repitió pero los golpes nunca llegaron.

Por lo bajo se dice que aquel grandote de fines de la decada del ochenta a MK le recuerda mucho a los intendentes. Siempre ladran pero nunca muerden.