Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista surcoreano, profesor de Filosofia y Estudios Culturales de la Universidad de Berlin, actualmente es considerado uno de los grandes referentes del pensamiento moderno.

Su ensayo “Sobre el Poder” pareciera estar escrito para interpretar el proceso político argentino. En el segundo párrafo empieza a iluminarnos a quienes por la velocidad de la coyuntura diaria no vemos con claridad la realidad que tenemos delante de nuestros ojos:

“Cuanto mas poderoso sea el poder, con mas sigilo opera. Cuando tiene que hacer expresamente hincapie en si mismo ya esta debilitado”.

Desde su particular postulación presidencial, Alberto Fernández realizó infinidad de gestos tratando de mostrar independencia del kirchnerismo más radical que representaba CFK y La Cámpora.

Los recordados “voy a gobernar con los 24 gobernadores” y “el gabinete lo voy a armar yo”, esperanzaron al electorado menos ideologizado, al peronismo centrista y a parte del círculo rojo.

La promesa de “volver mejores” tacitamente suponía que el regreso era del peronismo y que el kirchnerismo podría a lo sumo condicionar a la nueva administración pero nunca determinarla.

Lamentablemente, la prosa de los gobiernos nunca suena tan bien como la poesía de sus campañas.

Los gobernadores tras la victoria de agosto, en la que ni siquiera fueron parte de los festejos, decidieron recostarse en sus negocios provinciales y dejaron de fantasear con el plano nacional.

Lo sucedido en el reparto del gabinete es elocuente, los ministerios del interior, seguridad, defensa, mujer, ciencia, medio ambiente, agricultura, cultura y la procuración del tesoro están en manos de distintas facetas del kirchnerismo .

Por si fuera poco, cuentan con las cajas del PAMI y ANSES, Máximo Kirchner dispone en sociedad con Sergio Massa del manejo de los recursos de la cámara de diputados, CFK reina en el senado y Axel Kiciloff no asoció a los intendentes al ejecutivo provincial.

Que en las cercanías de Fernández se empiecen a escuchar frases como: “el de Alberto es un gobierno de transición” parecieran explicarse sin necesidad de terminar el primer capítulo de la misma obra del asiático:

“Es un signo de poder superior cuando el súbdito quiere expresamente, por si mismo, lo que quiere el soberano, cuando el súbdito obedece a la voluntad de su superior como si fuera la suya propia, o incluso la anticipa”.